El Arte De Amar

Le era tan doloroso armarla, que incluso cuando en la oscuridad de la noche,la abrazaba fuerte en sus brazos, sabía que ella no le pertenecía.

Su corazón como una rosa marchita, recordaba a cada instante, que al entregar su amor, siempre salía lastimada. Él, sólo en silencio, murmurando en lo más profundo de sus pensamientos, intentaba cambiar su manera de entregarse al amor...
Noche tras noche, aquellos dos amantes sin nombres, se pintaban en sus pieles, el sudor y olor del otro. Sin pudor, sin límites, sin escrúpulos. Solo teniendo presente a cada instante, el límite de la precaución.
Ninguno de los dos en esos instantes, decía nada, solo dejaban correr la pasión y el deseo, la locura de sentirse amados una vez más..
Al llegar la luz de la mañana, ella se sentaba en la ventana de aquella habitación, y desde ahí contemplaba como minuto a minuto, segundo a segundo, se iba desvaneciendo aquella oscuridad cómplice, que horas atrás, los cubría con celosa negrura, como evitando que fueran descubiertos.

Puede ser el amor, el nutriente esencial para dar vida nuevamente a una rosa marchita? Puede un amor incondicional, fiel y apasionado devolver el color vivo a una rosa así?
Ella en el reflejo del cristal en la ventana, fingiendo que miraba aún a la calle, lo veía dormir en la cama, donde horas antes el entre susurros y besos, él le juraba que jamás la dejaría lejos de sus brazos.

Él despertó ya cuando el Sol entraba fuerte por la ventana, golpeando su rostro a manera de reclamo, por haberse dormido, cuando ya el ruido de la gente y los vehículos en la calle, le hacían saber que era ya casi media mañana. Descubriendo que en la almohada, donde aún impregnaba el olor de su cómplice, ella le había dejado como obsequio, una rosa marchita...

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